Dar a Luz en Revista GalerĂ­a

La Fundación Dar a Luz, que Funciona desde abril de 2011, nuclea a parejas que recurrieron a tratamientos de Fertilidad para Lograr ser padres, y ofrecen apoyo emocional y sinergia de recursos a quienes están pasando por esa etapa

El dulce final de un camino arduo

Las dos iban al mismo especialista en fertilidad, quien probablemente vio en ellas una energía especial que las unió para que fueran las iniciadoras de algo más grande. Sandra había sentido un gran vacío en cuanto al apoyo y a la contención mientras transitaba los tratamientos de fertilización in vitro (FIV), y la idea de crear una fundación le empezó a rondar en la cabeza. Lola, después de tener su segundo bebé, quiso investigar cómo sería hacer una fundación. Allí intervino la mano del médico que las presentó. Ellas aseguran que quienes pasaron por un proceso de reproducción asistida sienten una conexión, y después de contarse cada una su historia se sintieron como un poco en familia. En ese momento encontraron mutuamente el apoyo que habían estado necesitando, el mismo que estaban planeado ofrecer a otras parejas.
Las cifras indican que una de cada seis parejas tiene problemas de fertilidad. Esto da como resultado muchas personas transitando por un problema que puede ser muy doloroso, angustian- te y frustrante, que solo quienes lo sufren saben qué tan profundo puede calar.
El esposo de Sandra —ellos tuvieron su primer hijo con FIV, y luego vinieron dos hijos de manera natural— había estado involucrado en el inicio de la fundación Teletón en Uruguay, por lo que tenía el know how, especialmente con respecto a la parte legal.

Como máquinas incansables y con la camiseta puesta, Sandra Rodríguez y Dolores Capurro (Lola) se pusieron a trabajar juntas. Se unieron sus maridos, luego profesionales involucrados en el tema, y en el camino se fue sumando gente. La oficina es un café en Carrasco.
La Fundación Dar a Luz se creó para ofrecer apoyo, contención, información y establecer una sinergia de recursos. Entre sus integrantes se organizó una red solidaria de medicación a través de la cual, usando Facebook, Twitter y la página web (www.fundaciondaraluz.org), las personas que pasaron por tratamientos y les queda medicación la donan.

Muchas veces a través de esos canales se emite un comunicado de que una pareja (manteniendo el anonimato) necesita cierta medicación. La transparencia con la que quieren mantener todos estos procedimientos hace que quienes solicitan la medicación deban dar el nombre del médico tratante para corroborar la información. Son fármacos muy costosos y la generosidad llegó a sorprender. Surgieron casos de personas dispuestas a comprar la medicación para otra pareja, o médicos que ceden sus honorarios o los cobran mucho menos.
Este sistema nació como una idea entre participantes de las jornadas de fertilidad que la fundación realiza tres o cuatro veces al año, y los beneficios logrados son muchos. Además, la medicación viene con una energía especial.
“Te va a dar fuerza. Yo tengo a mi hijo en casa”,
le dice una pareja a la otra cuando se entregan los medicamentos.

El alto costo de estos tratamientos mereció la Ley de Reproducción Asistida, que ya está aprobada pero no aún implementada. Mientras, aunque Dar a Luz está más enfocada en la contención emocional y psicológica, y busca la manera de recaudar fondos para ayudar económicamente a las parejas.

El apoyo emocional para quienes recurren a tratamientos de fertilización llega a través de consultas en la página web que pueden ser respondidas por las directoras de la fundación o por especialistas. Pero lo más importante son las jornadas de fertilidad, donde convocan a parejas que están haciendo tratamientos y les presentan testimonios de parejas que ya pasaron por eso y que tienen a sus hijos en casa. Luego se dividen en grupos más pequeños coordinados por psicólogos para realizar talleres vivenciales. La consigna es “sí, se puede”, “hay que seguir intentando formar una familia”.

Recientemente la fundación publicó el libro
“Hijos muy deseados.
La cara humana de la reproducción asistida: fuerza para dar vida”, escrito por la periodista de Búsqueda Laura Gandolfo y editado por Grijalbo. En las primeras páginas de esta obra, a la que definen como una extensión de esos talleres, se aborda la parte médica, breve pero fundamental para el que está pasando por esa situación. Luego se desarrollan 11 historias de parejas que tuvieron éxito y son felices papás. El libro se pensó como un aporte no solo para las parejas que recurren a tratamientos de fertilidad, sino también para los profesionales en la materia, que deben tomar en cuenta el aspecto psicológico y emocional que abarca el problema, y para la familia y amigos, que quieren ayudar y no saben cómo.

Médico y Mucho Más. Sandra Rodríguez es psicóloga y trabaja en reproducción. Hoy es casi impensable que en una clínica de fertilidad no haya un psicólogo, y los errores que solían cometer los médicos al no tomar en cuenta ese factor ya casi no suceden. “Antes los errores eran más gruesos, pero ahora casi todos tienen psicólogos para derivar parejas que están muy angustiadas o que la frustración les impide seguir con su vida normal. En general, el psicólogo trabaja acompañando al médico en la clínica. Cada vez se valora más el apoyo psicológico”, dijo Sandra. “Se dan cuenta de que el paciente después que va a una consulta psicológica llega a la clínica mucho más relajado, y la pareja ha conversado temas que surgen por el trajín de los tratamientos”, agregó.

En este sentido, los médicos deben entender que “el escenario es el cuerpo, pero estas mujeres y estos hombres son mucho más que un óvulo y un espermatozoide, que son un aluvión de emociones, de sentimientos, de angustia”, dijo Sandra, y para esto es necesario que la pareja encuentre el equipo médico adecuado para ella, con el que se sienta cómodo.
Lola asegura que “un médico puede resultar excepcional para una pareja y no para otra”. “Si sentís confanza, el camino ya lo tenés allanado. Es mucho lo que pasa tanto por la mujer, y también por el hombre. Él no recibe las inyecciones, pero también está buscando un hijo, también está queriendo ser papá. Es fundamental que la pareja encuentre su equipo médico adecuado. Hasta que no te sientas cómoda con el equipo profesional, hay que seguir buscando. Es lo que hacemos en la fundación, escuchando historias de los demás vas buscando el tuyo”, opinó.
La consulta médica del especialista en reproducción es mucho más larga, más relajada, se manejan temas de la pareja, hasta cuestiones laborales. Por ejemplo, la pareja plantea que ese mes no pueden hacer el tratamiento porque uno tiene que viajar por trabajo. Además de la presión propia de la pareja, y del entorno que genera gran ansiedad, también está el trabajo y la presión económica. “Para mucha gente el factor económico es determinante. ‘Me hago esta FIV y en esto me juego todo’, dicen, y si no funciona, capaz no lo pueden repetir y se quedan sin tener hijos”, dijo Lola.

Hoy no quiero Hablar. En lo que a la familia concierne, “cuando tenés una amiga que está pasando por esto y vos no lo viviste, el libro te ayuda a entender sus tiempos, a respetar lo que está pasando y a poder apoyarla estando ahí”, sostuvo Lola, mamá de dos varones que llegaron gracias a la mano de la medicina. “Muchas veces en un mismo proceso esa amiga pasa por una montaña rusa de emociones. A veces uno dice las cosas para que se sienta mejor y en realidad la estás embarrando. ‘Bueno, no importa, es psicológico, ya te va a tocar’ o ‘Ya va a venir, andate de viaje’. Lo mismo sucede en el entorno familiar, y hasta en una oficina. El libro hace que el otro se ponga en los zapatos del que está pasando por una reproducción asistida”, dijo Lola.

“Es difícil porque la misma persona que está pasando por eso no sabe lo que quiere, o va va- riando. En un momento del mes decís, ‘che, nadie me pregunta nada, estoy sola, a nadie le interesa’. Al mes siguiente te preguntan y decís, ‘pero qué metida, si yo no hablo, no me pregunten, qué presión que siento’. En realidad, creo que el secreto del entorno está en simplemente estar, estar para decir ‘¿vamos al cine?’, por ejemplo”, dijo Sandra.
Es fundamental en el entorno de estas parejas que entiendan que no van a ir a cumpleaños infantiles ni a bautismos, y que en lo posible no piensen en ellos como padrinos. “El libro puede ser terapéutico porque te das cuenta de que hay otros que pasan por lo mismo, porque te descubrís muchas veces sintiendo cosas jorobadas. Eso de ‘qué envidia, mi amiga va por el segundo y yo no puedo, ¿cuándo nos va a tocar a nosotros?’ ‘No quiero ser madrina de más nadie, quiero ser la madre’. Porque todo el mundo empieza a darte a los hijos en padrinazgo porque te tiene pena. Entender que no es un desplante, es simplemente que la angustia te desborda”, contó.

24 años. En 1990 se realizó la primera FIV en Uruguay. Hoy las cifras actuales indican que una de cada seis parejas tiene problemas de fertilidad. Una de las razones ha sido la postergación de la maternidad, sumado a que los ginecólogos no expertos en fertilidad se demoran en derivar a la mujer que le dice que quiere ser madre. En este tema el diagnóstico precoz puede ser determinante. La mejor estrategia para evitar muchos casos de infertilidad es ganar tiempo. Una mujer de 27 o de 32 va al médico a decirle que quiere quedar embarazada, puede esconder un problema endocrinólogo o las consecuencias de una operación de la adolescencia que le esté haciendo perder tiempo en ese proceso de tener un hijo. “Con una entrevista bien hecha ya podés detectar ciertos problemas, porque hay llamadores que ayudan a los médicos a decidirse para derivar a la paciente a un especialista y así ganás tiempo”, dijo Sandra. La reproducción asistida con menos edad tiene más chances de tener éxito. Un estudio hormonal y un seguimiento folicular hechos a tiempo pueden resolver problemas que luego podrían ser mucho más complicados.

Otro paso muy positivo que ocurre es que las consultas son en pareja desde el primer momento, y los estudios son simultáneos en la mujer y en el hombre. Antes, él recién salía a escena cuando ella ya había agotado todos los estudios. De esta manera, también se gana muchísimo tiempo. Por esta razón se habla de esterilidad conyugal, lo que implica también un compromiso de ambos miembros de la pareja.

Aunque parezca paradójico, otro factor que está influyendo en este tema es la baja frecuencia en las relaciones sexuales. Médicos y psicólogos que trabajan en reproducción lo aseguran: cuando preguntan con qué frecuencia tienen relaciones sexuales, las parejas contestan “lo normal”. ¿Pero cuánto es lo normal? A veces la respuesta explica la ausencia de embarazo. Para lograrlo, muchos apelan a la tradicional recomendación de mantener relaciones tres veces por semana durante un año.

Montaña rusa de emociones. “El que no vivió esto, no llega nunca a entenderlo”, dijo Sandra. “Es una montaña rusa de emociones. Un día estás bárbaro y al otro día no podés salir de tu casa. Es una subida y bajada constante. Cada tratamiento que es un ‘no’, es vivir un duelo, igual que el fallecimiento de un familiar directo. Cada pareja, y cada integrante de la pareja, vive el duelo como puede, pero en general es primero una situación de negación, después un proceso de aceptación, y después volvés a remontar para llegar al mes siguiente otra vez al pico más alto de esperanza, de fe, de que está vez va a funcionar, y otra vez la caída libre”.
La mirada masculina y femenina, como en todos los ámbitos, es diferente también en estos casos. Muchas veces las mujeres se quejan de que él no les habla, no les dice lo que siente, y piensan que no quieren ser padres como ellas madres. La realidad está muy lejos. En los talleres Sandra y Lola han podido observar el lado masculino de la infertilidad, y las razones de sus silencios son por- que las esposas no les dan el espacio, porque están llorando todo el tiempo. Otras veces ellos se ponen a los hombros a la pareja, ayudando siempre a la mujer. “Lo ideal al interior de la pareja sería que funcionaran como pistones, uno bajó, el otro lo rescata y así, pero en general quedan roles fijos”, explicó Sandra.

Si bien hay roces y momentos muy duros en las parejas, según las directoras de la fundación es un mito eso de que la mitad terminan separa- dos. “Lo que vemos es que la pareja sale fortalecida”, afrmó Lola.
“Se vive en la pareja con otra intensidad, tenés otro diálogo, se conoce más”, dijo Lola. La intimidad de la pareja pasa del ámbito privado al médico, que les dice cuándo tener relaciones. Todo es en términos médicos. Y eso puede ser durante años, hasta que un día la mujer queda embaraza- da. “Ese embarazo se vive con una ansiedad y con un miedo particular. No podés soltar rápidamente al médico, muchas tienen la doble consulta, con el obstetra y con el especialista en fertilidad que acompaña hasta la semana ocho más o menos”.
Las consignas de la fundación son: “No están solos”, porque hay otros caminantes que ya lo hicieron y la fundación está para lo que precisen; y “Sí, se puede”. Seguir buscando, no bajar los brazos, incluso evaluando otras formas como la ovodonación o la adopción. “La idea es dar ánimo para que sigan buscando de qué forma pueden formar su familia. Quizás que no es un hijo biológico o tal vez la decisión pasa por no tener hijos. O deciden hipotecar la casa y seguir probando con FIV. Se puede encontrar un camino y cada pareja sabrá cuál es”, concluyeron estas ex-pacientes, que pasaron por este difícil camino pero hoy son madres felices, y buscan dar apoyo a quienes están viviendo lo mismo que les tocó a ellas.

Laura Gandolfo, periodista cultural de Búsqueda, recibió el encargo de escribir el primer libro de la Fundación Dar a Luz, “Hijos muy deseados”, y se embarcó en una investigación que le insumió más de 15 entrevistas entre ex pacientes y médicos. Laura es madre y lo logró de manera natural por lo que se dio cuenta de que no tenía idea del mundo emocional, afectivo, positivo y negativo, que viven quienes transitan la re- producción asistida hasta que no conversó con las parejas. “Son personas que viven procesos en algunos casos muy largos y muy dolorosos en todo sentido. Que te hagan más de 10 tratamientos de alta complejidad por infertilidad es muy bravo. Y queda claro cómo sufre el entorno, la familia, los amigos que no saben qué hacer. También está la presión social: ¿y cuándo van a tener un hijo? ¿y cuándo van a tener el segundo?”, dijo Gandolfo.
En torno a la fertilidad existen dos ideas previas: el costo y el dolor corporal de la mujer. En esta investigación, Gandolfo, quien también es psicóloga, reflejó en sus páginas la visión y el
sentimiento del hombre, que no siempre se toma en cuenta. “En estos casos queda más en evidencia la necesidad de que el varón adopte un rol para el que socialmente no fue preparado, que es el de acompañar, sostener, que sea como un marco de contención. Incluso se sugiere que haya momentos en la pareja en los que se hable de eso, de lo que está sufriendo cada uno. Para él es una frustración muy grande, es una herida narcisista, porque un hijo es una creación. Pero también puede salir fortalecido del proceso cuando llega a tener el bebé”.
A la escritora le impactó ver el dolor que hay detrás de las historias y le resultó novedoso el acercamiento que algunos profesionales tienen con el tema, usando mecanismos para tratar a las parejas, como considerar estados de ánimo de los pacientes. O el caso de una psicóloga que se mezcla con las parejas en la sala de espera y genera una charla. “Porque la vivencia de la sala de espera para esas parejas es muy dolorosa, muy tensa, y se siente con vergüenza”, dijo Gandolfo.

carolina villamonte. fotos: marcelo singer
“Hijos muy deseados”, Fundación Dar a Luz, escrito por Laura Gandolfo. Grijalbo, $400 en todas las librerías.