Qué gran desafío!! encontrar las palabras y resumir el camino recorrido para ser padres. Primero, por ser una travesía de casi ocho años y, segundo, por la complejidad que implicó tanto en lo vivencial-emocional como en las variadas estrategias médicas utilizadas. Un camino de esfuerzo, dolor, esperanza, decepción y mucho más esperanza.
A los veinte años me diagnosticaron Síndrome de Ovarios Poliquísticos. A los veinticuatro nos casamos y tres años después decidimos dejar de usar métodos de anticoncepción. Después de un año, inicié Clomid y resulté embarazada. A la sexta semana de embarazo se inició un sangrado muy importante y en menos de tres días se decidió el legrado. Fue un golpe muy duro. Empezamos a estudiar mejor mi síndrome mientras esperábamos volver a embarazarnos de la misma manera. Esto no sucedió en todo un penoso año y medio donde cada mes la esperanza se convertía en frustración y tristeza.
A mis treinta años decidimos encarar el tema con más seriedad. Se nos estudió detalladamente. Resultó claro que el problema radicaba en mis patologías médicas, que empezaron a aparecer desde todos lados. Dificultad en ovulación, calidad de óvulos disminuida, resistencia a la insulina y ámbito inhóspito para la migración de espermatozoides.
Inicié tratamiento con Metformina. Mis períodos de ovulación eran muy irregulares, lo cual disminuía aun más las posibilidades de fecundación. Se decidió realizar un “Drilling ovárico”, procedimiento que mejoró la frecuencia de ovulación y por todo un año intentamos la fecundación con seguimientos foliculares. Ya a mis treinta y dos años y con casi cinco años de intentos infructuosos la siguiente estrategia fueron cuatro procedimientos de inseminación artificial. Ningún resultado positivo pero el sueño y la esperanza seguían siendo fuertes motores para continuar la lucha, hasta el momento, más importante de nuestras vidas.
El Dr. Scasso resolvió la derivación a consulta particular con la Dra. Dellepiane. Se me realizaron más estudios que detectaron nuevos problemas, ahora en el área hematológica. Luego de un intento más de inseminación artificial, iniciamos el camino a la primer FIV con todo el esfuerzo que sólo los que han pasado por este procedimiento pueden entender.
La primer FIV en el 2008, resultó en un embarazo pero en la sexta semana nuevamente sangrado, pérdida y legrado. Dolor indescriptible. En el 2009 hicimos una transferencia de embriones congelados que habían quedado de la primer FIV. Sin resultado positivo. En febrero el 2010 realizamos la siguiente FIV, esta vez con una preparación exhaustiva desde lo hormonal, hematológico y nutricional.
Muchísima emoción al recibir el resultado positivo!! Sin embargo, en la fatídica sexta semana otra vez, sangrado profuso. Se detectó latido fetal y comenzó el reposo absoluto peleando por la vida de un embrión de 7 mm. “Una hora a la vez” fue nuestro lema el inicio, luego “un día a la vez” hasta que en la semana 13 ya no se vio más el hematoma. ¿Podría ser?; ¿No sería un sueño solamente?!
Finalmente, el 5 de noviembre de 2010 a las 10 de la mañana escuchamos el sonido más hermoso de nuestras vidas, sentimos las manitos más suaves y nos miraron los ojos más dulces del mundo. Y ahí mismo, en ese inolvidable segundo, comprendimos que todo, absolutamente todo había valido la pena.
También comprendimos que este largo camino sólo pudo ser transitado con un maduro y valiente amor de pareja, con nuestra experiencia de Fe y con el valiosísimo equipo que lidera la Dra. Dellepiane. No hemos encontrado aun la forma de expresar nuestro más profundo agradecimiento y respeto por esa tan noble labor que es cumplir los sueños de tantos padres con brazos vacíos.