Testimonio María Laura

¡Hola A todos!

A solicitud de Fundación Dar a Luz y para todos aquellos que no pudieron asistir al encuentro que se dio por zoom el 22 de abril próximo pasado, es con inmenso gusto que les quiero hacer llegar por escrito nuestra historia de vida…

Mi nombre es María Laura, tengo 47 años y desde hace dos años mi esposo, yo y mis dos hijos articulados somos papás y hermanos babosos de ¡Emma!

Pero así no empieza la historia… La misma empieza en el 2006, luego de casarnos (los dos con más de 30 años) con la inmensa ilusión de querer formar una familia rápidamente. Lo buscamos de manera natural por unos 6 meses hasta que decidimos consultar con algún médico especialista para confirmar que estaba todo bien.

Comenzamos con todos los tediosos exámenes, pero con la motivación que lo íbamos a lograr pronto… la motivación se fue transformando en ansiedad, la ansiedad en frustración y la frustración en tristeza. Consultamos en Uruguay, Francia y Argentina (mi esposo es extranjero) y siempre nos dijeron lo mismo: Yo tenía un problema de endometriosis y tenían que operarme para saber qué tan extendida o severa era. Llegamos a ese momento y después de 4 horas en el quirófano, medio ovario extirpado y el diagnóstico de que mi endometriosis era más grave de lo que pensábamos, (pero que habían hecho lo mejor que podían), era muy muy difícil que quedara embarazada naturalmente. El médico que me operó quería inducirme a la menopausia por dos años, pero nosotros estábamos decididos que con 33 años yo no iba a perder más el tiempo.
Decidimos irnos a territorio “neutral” y consultamos en Argentina con varios médicos.

Primera Fecundación In vitro: La ilusión intacta, las ganas exacerbadas y la fe ilimitada

Pedimos licencia, nos mudamos 15 días a Buenos Aires, consultas, medicación, inyecciones por doquier, sentirse mal, TODO valía la pena por ese bebé que estaba por llegar, teníamos los nombres pensados, habíamos descargado el programa donde se suben las fotos de los papás y te muestra cómo sería el rostro del bebé, en fin, hicimos todo lo que se pueden imaginar ¡convencidos que iba a funcionar! Llegó el día de la extracción: 11 óvulos preciosos -dijo la doctora-, de los cuales fecundaron 6 embriones: a los 3 días me implantaron 2 embriones; nos quedamos en buenos Aires por 5 días más para que yo hiciera reposo (aunque me habían aconsejado solo 3 días) viajamos en barco para no tomar avión, en fin, todos los cuidados al extremo.

Ya en casa con movimientos reducidos, esperando el resultado del examen de sangre que me iban a hacer en los próximos 10 días. La dulce espera se convierte en la dulce tortura. Llegó el día de la extracción de sangre; 7 de la mañana, para tener el resultado cuánto antes; nos avisaron al mediodía que podríamos ir a buscarlo: El corazón latiendo como nunca, saliéndosenos del pecho: Recogimos el sobre, le pedí a mi esposo que lo abriera… Tuve, antes de ese preciso momento, la leve sensación de preguntarme ¿“Y qué pasa si es negativo?” y cuando vi la cara de mi esposo y sus lágrimas que empezaban a rodar por sus mejillas, el mundo, la ilusión, las expectativas y todo lo que habíamos hablado durante los últimos 15 días se desmoronaron como un castillo de naipes.

En ese momento no lloré…. Sentí una sensación de vacío inmensa, como si se hubiera muerto un ser muy querido y que yo no podría continuar después de esto, era como haber muerto un poco, y ya nada sería como antes.

Me llevó meses recuperarme, meses. ¡Estaba peleada con el mundo! De la clínica me quisieron convencer que era el primer intento, que tenía 2 intentos más, que no me desilusionara…. “que estaba dentro de las estadísticas” ¿Dentro de las estadísticas? ¿Eso es lo que me dicen? ¿Soy una estadística? A esta palabrita la odié por muchísimo tiempo, me costó mucho la reconciliación con esta palabra…

2do. y 3er. intento en los siguientes 12 meses. No funcionó.

Para volver a intentar, me convencí a mí misma que lo peor que me podía pasar ya lo había vivido así que ahora tenía todo por ganar. Los resultados fueron exactamente igual que en la primera FIV: VALORES > 1, 2. Creo que ni los peores alumnos tiene un valor tan bajo en un examen! Las mujeres conocemos muy bien, demasiado bien nuestro cuerpo y confieso que supe antes de hacerme el análisis de sangre que no había funcionado.
Pasó un año más que decidimos descansar y otra vez consultamos: nuevo medico en Argentina.

2da. y 3ra. FIV – Nueva clínica.

En esta nueva extracción 12 óvulos, 6 embriones, 3 transferencias de dos…. ¡NO FUNCIONÓ!
La siguiente lo mismo: 11 óvulos 4 embriones, 3 transferencias, no funcionó….
Y la palabra estadística ya no servía para mi caso; ¡yo estaba fuera de las estadísticas, ya era un caso RARO!
Entonces otra vez descansé… ¡Me sentía hinchada, gorda, llena de hormonas! Todo el esfuerzo, inyecciones, pastillas, todo lo que estaba haciendo y no servía de nada y cada vez más frustrada, más triste, más hundida. Y tu vida sigue, porque tienes que ser fuerte frente a todos, familia, trabajo, amigos… Y la gente que te quiere ayudar y más habla y más mete la pata. Y pasás por todos los estados de ánimos. Y Tu pareja a la que amas ya no sabe más que hacer o decir… Porque en estos momentos TODO se centra en la mujer, y nos olvidamos de la pareja. Ese hombre o mujer que no está viviendo físicamente lo que te pasa a ti, pero que psicológicamente colapsa y no sabe cómo ayudarte, o no sabe cómo trasmitirte: “Esto es lo que nos pasa a los dos juntos, y si mi amor, el sufrimiento es compartido” Y solamente quienes han vivido esto somos los que podemos contar cabalmente lo que sentimos, a pesar de que cada persona es diferente.

Adopción / Articulación.
Y llegó el año 2012. Y empecé terapia. Y consulté Brujos. Y me abrí los registros. Sentía que no podía superar todo el dolor yo sola, así que me planteé que quizás la maternidad no era para mí, que por más que lo quisiera con todo mi corazón y me obsesionara con el tema, Dios había trazado mi destino y que yo no tenía que quedar embarazada… La adopción siempre había estado en mis planes así que iba a ir por ese camino y llegaron a nuestra vida dos niños que nos llenaron de todas las maneras imaginables posibles y ¡mucho más!

Aun me quedaba un embrión congelado que decidí colocarme después de que los niños llegaran a nuestras vidas…. Y NO FUNCIONÓ.

Durante 4 años no quise saber nada más con respecto a los tratamientos…. La verdad bajé los brazos y sentía que no podía soportarlo más ni física ni psicológicamente; Mi esposo y yo nos concentramos exclusivamente en los niños y de entender cómo el ser papás había llegado de esta manera a nuestras vidas… Creía que ya me sentía completa como mamá, pero eso duró un tiempo… Me enteré que un familiar cercano había ido a la Clínica de la Dra. Dellepiane y con una endometriosis mas severa que la mía, había logrado un embarazo. Ver su bebé recién nacido en sus brazos me despertó nuevamente las ganas locas de volver a intentarlo y decididos con mi esposo, nos dirigimos hacia tres cruces. ¡El encuentro fue increíble! Hablamos de todo… encontré una profesional excepcional, pero sobre todo una persona sensible, y muy humana así como todo su equipo que nos devolvió la esperanza… Hablamos de todo y cuando le conté mi historia y previo estudio de mis exámenes sin dudarlo y con toda franqueza me dijo: Ya tienes casi 44 años y por toda tu historia clínica podría asegurar que tus óvulos están envejecidos, es casi imposible que quedes embarazada; yo te recomendaría una ovodonación… Piénsenlo creo que sería lo ideal para vuestro caso, más con vuestra cabeza abierta y tu historia de adopción.

Nos fuimos del consultorio esperanzados… Comenzamos todos los trámites y otra vez la serie de exámenes necesarios tanto mi esposo como yo, pero cuando ya estábamos listos para empezar (ya habíamos enviado la información pertinente, fotos, datos etc.) paramos el proceso…. No puedo explicar por qué, pero lo quisimos dejar en “stand by” por el momento, sin dejar de tener el contacto con la clínica.

Seguimos nuestra vida normal, hasta que el 15 de enero del año 2018 recibimos un mail con el siguiente texto: “Les informamos que, de acuerdo a toda la información recibida y guardada en nuestra base de datos, tenemos una donante con vuestras características con 5 óvulos para donar y a vuestra disposición”. Yo trabajaba en la misma oficina que mi esposo uno en frente del otro, en el momento que recibí el mail estábamos reunidos con el equipo de trabajo. Mi corazón comenzó a latir fuertemente, no sabiendo que hacer con este notición y de la nada mis lágrimas comenzaron a brotar sin control… Mi esposo en un acto impulsivo sacó a todos de la oficina y sin mirarme siquiera dio vuelta mi computadora para leer la noticia que nos cambiaría la vida para siempre. ¡Nos abrazamos como hacía tiempo no lo hacíamos! Esos abrazos que duran la eternidad, abrazos sanadores, amorosos, los que devuelven la fe y la esperanza y donde sentís en lo más profundo de tu cuerpo que todo va a estar bien.

Coordinamos la siguiente cita con la doctora Dellepiane, y nos pusimos manos a la obra. En las consultas sucesivas hablamos de todo; los miedos, las dudas, el que dirán, el que diremos…
Programamos todo para el 16 de junio de 2018, a las 9:00 de la mañana. La Dra. Dellepiane iba a estar de viaje así que la transferencia la realizó la Dra. Lucia Abulafia. Nos trataron con una calidez que no habíamos sentido antes, todo un equipo profesional y humano que sabía que nuestras esperanzas estaban todas puestas en este único embrión que teníamos, porque los otros óvulos no habían fecundado. Nos juramos que si no funcionaba era el tratamiento final. No podríamos soportar otro fracaso, simplemente iba a ser insoportable…. y
FUNCIONOOO!

Y después de 35 semanas (8 meses de reposo casi absoluto), nació EMMA.

Esta es nuestra historia, y cada historia es diferente… estos somos nosotros cinco, habiendo superado escollo tras escollo, y yo con una personalidad muy obstinada, testaruda, optimista de más, a veces obsesiva para seguir adelante y salirme “con la mía”.

Esto es un testimonio resumido de lo que vivimos, no están expuestas todas las dudas, consultas y miedos que tuvimos durante este proceso, que las hubo y fueron muchas. Me encantaría en otro momento también comentarlas pues creo que puede servir para despejar los miedos, consultas y dudas que se puedan tener antes de un tratamiento como este, pero solo tengo para decirles que todo este viaje y sacrificio emocional, físico y económico, valió muchísimo la pena.
¡No bajen los brazos, no pierdan la esperanza y me pongo a disposición para hablar y contarles los sentimientos que afloran a través de todo este proceso!

María Laura

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